El error que sobrecarga a los líderes: pensar que la motivación es responsabilidad solo de ellos.

Actualizado: 7 abr
La motivación no es un servicio del líder: es un encuentro profesional
Existe una idea profundamente instalada en la cultura empresarial: el líder debe motivar, activar, sostener, empujar.
Como si la energía de un equipo fuera una responsabilidad unidireccional.
Y no lo es.
No tiene nada que ver con la simplificación —casi caricatura— de “la motivación se trae de casa”. El problema es más sofisticado. Más incómodo. Y, sobre todo, más estructural.
El filósofo Gregorio Luri introduce un concepto que resulta especialmente útil para desmontar este enfoque: la conciencia del encuentro.
La conciencia del encuentro: una responsabilidad compartida
Luri lo explica en el ámbito educativo. Cuando se afirma que “el profesor no sabe motivar al alumno”, se está desplazando toda la responsabilidad hacia el docente. Pero advierte: el aprendizaje no ocurre si no hay encuentro.
¿Y qué implica ese encuentro?
El docente, como profesional, debe recorrer más camino.
Pero el alumno debe dar, como mínimo, un paso.
Sin ese paso, no hay relación educativa. Hay, en el mejor de los casos, un intento fallido.
El paralelismo incómodo en la empresa
Cuando trasladamos este marco al entorno organizativo, la incomodidad aparece rápido.
Porque hacemos exactamente lo mismo.
Colocamos a líderes y empresarios bajo una presión constante:
“Tienes que motivar a tu equipo”
“Tienes que mantenerlos activados”
“Tienes que sostener su energía”
Y rara vez nos detenemos a plantear la otra cara de la ecuación:
¿Dónde está el paso del profesional?
No hablamos de alumnos en formación. Hablamos de personas adultas, contratadas por su capacidad de aportar valor.
Y, sin embargo, hemos normalizado algo peligroso:
la pasividad emocional
la espera constante de estímulo externo
la delegación de la propia implicación
El error de enfoque: motivación vs. encuentro
El problema no es la falta de motivación. Es la ausencia de encuentro.
Una relación profesional funcional no es un vector único (líder → equipo). Es un sistema bidireccional donde ambas partes se aproximan con intención.
Cuando esto ocurre, aparecen tres elementos clave:
1. Disposición activa
No basta con “estar”. Estar no es sinónimo de contribuir.
La diferencia real está en la actitud de entrada:
¿Vengo a cumplir o a aportar?
¿Espero o construyo?
2. Responsabilidad individual
El paso crítico es pasar de:
Expectativa → “quiero que me motiven”
Responsabilidad → “busco cómo contribuir”
Este cambio es radical porque desplaza el locus de control.
Y, a partir de ahí, la conversación organizativa cambia completamente.
3. La implicación como decisión
La implicación no es una reacción emocional.
No depende de:
si me gusta el proyecto
si me cae bien el jefe
si hoy estoy inspirado
Es una decisión profesional.
Y como tal, debería tratarse: exigible, observable y gestionable.
Lo que esto cambia (de verdad)
Cuando introduces el concepto de “conciencia del encuentro” en una organización, ocurre algo relevante: se desactiva el discurso infantilizado de la motivación.
Y aparecen preguntas más incómodas, pero mucho más útiles:
¿Quién está dando su paso?
¿Quién está esperando?
¿Qué comportamientos estamos tolerando como normales?
¿Qué nivel de exigencia real tenemos sobre la implicación?
Y entonces sí, llega el punto clave: toca tomar decisiones.
Liderar no es motivar: es exigir encuentro
Esto no exime al líder de su responsabilidad.
Al contrario.
Le obliga a:
generar contexto
marcar dirección
facilitar condiciones
y recorrer más camino
Pero también le legitima para algo que muchas organizaciones evitan: exigir el paso del otro.
Porque sin ese paso, no hay equipo. Hay dependencia.
Una imagen que lo resume todo
El monumento al maestro en Palencia lo representa con precisión casi incómoda:
El maestro está en actitud de dar.
La figura que aprende está en actitud de recibir… pero también de contribuir.
No hay pasividad. Hay encuentro.
La próxima vez que en una organización aparezca el diagnóstico de “falta de motivación”, conviene parar y reformular la pregunta:
¿Estamos ante un problema de motivación… o de ausencia de encuentro?
Porque si es lo segundo —y muchas veces lo es—, la solución no pasa por motivar más.
Pasa por elevar el estándar profesional.
Foto: Monumento al maestro en Palencia, con nuestra querida y Bella Desconocida al fondo. El en actitud de dar, ella en actitud de recibir y contribuir.




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