El liderazgo que de verdad forma sucesores no es el que se siente cómodo enseñando.

El liderazgo que de verdad forma sucesores no es el que se siente cómodo enseñando.
No hablo de planes de sucesión, talent pool, u otros procesos formales. Hablo de toparte con ese verdadero talento que, en cuanto lo tienes enfrente, sabes que podrá llegar a ser mejor que tú.
Vi la semana pasada la película "Descubriendo a Forrester" (2000) muy recomendable para quienes quieran observar la figura de un #mentor. Y más recomendable aún para aquellos que queremos seguir enfrentándonos al folio en blanco a la hora de escribir.
Pero aquí quiero traer, especialmente, las dos formas de enfrentarse al talento que aparecen en ella: el que reta para demostrar que sigue siendo el mejor; y el que acaba reconociendo que tiene ante sí a alguien muy bueno, que puede convertirse en alguien mejor que él.
La diferencia está en gestionar desde el ego o gestionar desde el propio aprendizaje y crecimiento mutuo. El primero es fácil, porque se trabaja desde la autoridad. El segundo, complejo, porque se trabaja desde la propia humildad.
La experiencia me dice que nuestras empresas están llenas de jefes buscando replicarse, pero escasean estas figuras de líderes dispuestos a ser superados.




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