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Liderar cuando no eliges, la prueba real del liderazgo

Foto del escritor: Maite  Cuesta Modinos
Maite Cuesta Modinos
10 abr
2 min de lectura

Dos preguntas. Cuando las leí, me hicieron reflexionar:

  • ¿seré igual de buen líder si no elijo a las personas con las que trabajo?

  • ¿seré capaz de ofrecer mi liderazgo más auténtico si no conozco a quienes compartirán este camino?


Y no dudé en la respuesta. Fue claramente sí. Porque el liderazgo auténtico no necesita necesariamente condiciones favorables para florecer (mejor si las hay, claro).


Desde mi punto de vista, liderar no es una consecuencia del contexto. Es algo que va construyendo la persona.


𝗦𝗲 𝗲𝘀 𝗹𝗶́𝗱𝗲𝗿 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗮 𝘀𝗮𝗯𝗶𝗱𝘂𝗿𝗶́𝗮 𝘆 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗮𝗰𝘂𝗺𝘂𝗹𝗮𝗱𝗼𝘀 𝘆 𝗹𝗮 𝗵𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗰𝗼𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝘂𝘀𝗮𝗻 𝘆 𝘁𝗿𝗮𝘀𝗹𝗮𝗱𝗮𝗻. Y brilla justó ahí, en la incertidumbre del entorno y las personas. Recordemos el proverbio “ningún marinero se hizo experto en un mar en calma”


Y por eso, para mí, 𝘀𝗲𝗿 𝗯𝘂𝗲𝗻 𝗹𝗶́𝗱𝗲𝗿 𝗲𝘀 𝗶𝗻𝘁𝗿𝗶́𝗻𝘀𝗲𝗰𝗼 𝗮 𝗹𝗮 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮 𝗲 𝗶𝗻𝗱𝗲𝗽𝗲𝗻𝗱𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗲𝘀𝗰𝗲𝗻𝗮𝗿𝗶𝗼𝘀.


Confundimos ser buen líder con éxito. Eso no pasa siempre.

Ser buen líder es mirar con perspectiva de largo plazo, aunque siempre se quieran ganar batallas a corto.

El líder te lleva a transformaciones, pero quien decide si es éxito o no, es extrínseco al líder.


Por eso, refuerzo tres elementos que convergen en la figura del buen líder: la sabiduría, los comportamientos acumulados y la habilidad estratégica de uso.


𝗟𝗮 𝘀𝗮𝗯𝗶𝗱𝘂𝗿𝗶́𝗮 como experiencia filtrada, desde el poso de los fracasos y de los éxitos, llevados ambos con elegancia y humildad. Es ese saber inspirar y saber construir con madurez estratégica, es mirar con luces de largo diseñando el corto, a pesar de las ambigüedades y dificultades del camino.


𝗟𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗮𝗰𝘂𝗺𝘂𝗹𝗮𝗱𝗼𝘀, que son “simples” (y lo entrecomillo para que alcancen la magnitud de la dificultad) ejercicios de ética, de ejemplo, de consistencia, y de coherencia. De crecimiento, servicio y humildad.


𝗟𝗮 𝗵𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝘂𝘀𝗮𝗻 𝘆 𝘀𝗲 𝘁𝗿𝗮𝘀𝗹𝗮𝗱𝗮𝗻, convirtiéndose entonces el líder en un “habilitador de valor” del propósito, del equipo y las personas que le rodean. Hablo de generosidad intelectual, de elevar el nivel, de convertir el criterio en acción.


Y desde esa perspectiva me siento capaz de contestar de nuevo con un sí a las preguntas realizadas, porque en la incertidumbre es donde el buen líder navega con criterio.



 
 
 

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