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Transformar tu empresa no es solo transformar a tus personas

Foto del escritor: Maite  Cuesta Modinos
Maite Cuesta Modinos
5 mar
2 min de lectura

Actualizado: 10 mar

"Yo no fui, fueron ellos..." así empezaba todo argumento defensivo cuando nos sentíamos "pillados" en clase. La primera de todas era evadir culpabilidad. 


¿Seguimos actuando como "niños" en las organizaciones? A veces demostramos que sí. 


Porque muchas veces las empresas centran sus esfuerzos de cambio en las personas. Formamos a los equipos para que cambien. Desarrollamos sistemas de evaluación para que cambien. Buscamos mayor exigencia en los resultados para que cambien. Les asignamos mentores o coaches para que cambien.


¿Es malo? No. Todo eso está genial. 


¡Pero cuidado! Nos faltan dos preguntas realmente incómodas:


▪️ ¿el sistema donde operan está preparado para dar su mejor versión?

▪️ ¿Nuestro estilo de liderazgo está preparado también para el cambio? 


Ahí suele estar una parte importante de la respuesta.


Porque transformar una empresa no consiste únicamente en pedir a las personas que hagan las cosas de otra manera. Implica revisar el escenario en el que trabajan: cómo se toman las decisiones, cómo se coordinan los equipos, qué prioridades se marcan y qué comportamientos se refuerzan realmente dentro de la organización.


En otras palabras, transformar empresas significa muchas veces rediseñar las reglas del juego.


La cultura organizativa no cambia solo con manuales o programas de formación. Cambia cuando el contexto en el que trabajan las personas evoluciona: cuando las responsabilidades están claras, cuando las decisiones se sostienen con coherencia y cuando el liderazgo acompaña realmente la forma en que se quiere trabajar.


Por eso, antes de pedir a los equipos que cambien, conviene mirar también el terreno de juego.


Te pongo el símil futbolístico. ¿Dónde prefieres jugar, en un campo de tierra o en un campo de hierba? 


El talento de los jugadores puede ser exactamente el mismo. Pero el rendimiento difícilmente será igual.


En las organizaciones ocurre algo muy parecido. El talento importa, pero el contexto organizativo en el que ese talento trabaja también.


Y muchas veces, transformar una empresa empieza precisamente por ahí.




 
 
 

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